La coexistencia en las rutas ciclistas supone un desafío pendiente para los usuarios de bicicletas eléctricas de montaña. Hoy en día, todavía persisten prácticas peligrosas en senderos naturales que amenazan la seguridad de ciclistas y usuarios de vehículos de dos ruedas. Desde obstáculos ocultos hasta actitudes hostiles, estas acciones no solo reflejan conflictos no resueltos, sino que también conmemoran trágicos aniversarios.
Este año se cumplen diez años del fallecimiento de un ciclista en Cantabria, accidente causado por un cable colocado estratégicamente en un camino cercano a Valderredible. Un suceso que, lamentablemente, no ha sido el único.

Los riesgos en los senderos
La colocación de trampas en rutas naturales no es nueva. Ciclistas y usuarios de motos de campo llevan años enfrentándose a piedras dispuestas en curvas críticas, tablas con clavos, maleza arrancada para bloquear pasos o incluso cables con pinchos. Estas prácticas, lejos de desaparecer, han resurgido en zonas frecuentadas por deportistas.
Recientemente, durante las pruebas de la Cannondale Moterra SL 2, encontramos tramos de sendero alterados con rocas de gran tamaño, recordando la urgencia de abordar este problema.

¿Por qué ocurre? Una mirada multifactorial
Las motivaciones detrás de estos actos son diversas y complejas. Según informes de autoridades locales y asociaciones medioambientales, entre los responsables podrían estar:
- Vecinos o agricultores molestos por el paso de ciclistas cerca de sus propiedades.
- Ganaderos que, con justificado descontento ante cancelas dejadas abiertas, ven comprometido su trabajo.
- Cazadores que perciben a los ciclistas como disruptores de la fauna.
- Colectivos ecologistas que, erróneamente, atribuyen a las bicicletas un mayor impacto ambiental comparado con otras actividades.
Es crucial subrayar que, aunque ciertas quejas, como las de los ganaderos, parten de motivos comprensibles, ninguna justifica poner en riesgo vidas humanas.
Hacia una solución compartida: el papel de los ciclistas

La pregunta clave es: ¿cómo contribuir a la convivencia? Si bien las denuncias formales siguen siendo necesarias, y en muchos casos insuficientes, los ciclistas tenemos un rol activo. No se trata de asumir culpas, sino de liderar con ejemplo:
1. Respeto al entorno: Evitar atajos fuera de senderos, cerrar cancelas tras su uso y no alterar la flora.
2. Diálogo con comunidades locales: Participar en iniciativas que integren a deportistas, agricultores y ecologistas.
3. Autoregulación: Moderar velocidades en zonas compartidas y usar tecnologías silenciosas, como las bicicletas eléctricas, para reducir molestias.
Como señalan expertos en movilidad sostenible, la educación y la empatía son herramientas poderosas. Pequeños gestos, como saludar a otros usuarios o recoger residuos, ayudan a construir puentes.

Un camino hacia la armonía
La muerte en Cantabria y los incidentes posteriores son recordatorios trágicos de que la hostilidad solo genera más conflicto. En lugar de polarizar, es momento de reconocer que ciclistas, ganaderos, cazadores y ecologistas comparten un mismo espacio. Las soluciones no surgen de la confrontación, sino de la colaboración.
Mientras las autoridades trabajan en protocolos de seguridad, cada usuario puede aportar desde el civismo. Porque el verdadero sendero a proteger no es solo el que pisamos, sino el que construimos juntos.